Los hechos reales que han vivenciado los jóvenes cibernautas que van asiduamente al café Internet, ubicado en la localidad de Kennedy en Bogotá, nos presentan hipótesis importantes en lo que se refiere al consumo permanente de los entornos digitales; dejando de un lado el contacto personal con los demás actores sociales, e incluso, con el propio grupo familiar.

Diariamente, al café Internet llegan jóvenes entre los 12 y 25 años, que es el rango de edad que nosotros hemos definido para nuestro tema, como juventud, y que será nuestro público de investigación. Cabe aclarar, que en nuestra investigación, no tendremos en cuenta el estrato social, ya que como anteriormente hemos mencionado, los entornos digitales tienen características especiales, que al ingresar a ellos, dejan a los jóvenes en igualdad de condiciones. Todos entran a un mundo completamente diferente al real. Las conductas propias de cada ser, se deben mucho más, a las condiciones mentales e intelectuales, y aunque la condición social influye en el aspecto psicológico, podemos dar por hecho, que no se han hecho campañas educativas efectivas, para el manejo maduro de los mismos.
La falta de comunicación de los jóvenes, por lo menos, con los de primer nivel, que son los padres,, se ha evidenciado especialmente en 3 casos, que hasta el momento, han sido los más significativos en nuestra investigación. Relataremos los hechos, obviando los nombres de los protagonistas. Estamos seguros, que casos como estos, han ocurrido en varias partes, muchos con finales trágicos.
El primero de ellos, es el caso de una joven de 17 años. En el momento cursa el grado once en un colegio privado. Es una joven de rostro tierno, en su piel no se refleja el paso de una vida dura, y se ve siempre sonriente. Aproximadamente 3 meses, a tenido varios cambios, se ha cortado el cabello, un corte algo varonil, aunque está de moda en las mujeres usar el cabello corto. Pero su forma de vestir también cambió. Ya no va con el uniforme al café, ni con los pantalones descaderados, ahora, usa pantalones ajustados poro con corte serio, y los utiliza con botas y chaquetas de cuero, especialmente negras. La abuelita, de 65 años, siempre va en busca de su nieta, tratando de seguir el rastro, aparentemente ella también a notado un cambio en la joven.
Mediante nuestra observación, nos damos cuenta que el interés particular de la nieta, es sumergirse en el entrono digital, y encontrar amigos, información, comunidades, Chat, sobre la liberación femenina, la libertad de expresión de las mujeres, y sobre el lesbianismo. Hemos podido observar esto, con las impresiones de este tipo de información que seguidamente realiza. La comunicación entre abuela y nieta, sin tener claro si la joven tiene mamá o papá, o solamente vive con la abuela, es casi nula, a tal extremo, que la abuela, se acercado a nosotros, a solicitar fotocopias de lo que su nieta imprime, y así darse cuenta, que es lo que le está pasando. Obviamente, lo hace sin conocimiento y sin autorización de la joven.

La información, preguntas y dudas sobre temas que generan alguna polémica, algún tabú, y sobre todo mucha vergüenza en los jóvenes, cada día son solucionadas más, por los entornos digitales, que por los maestros de escuela, que por los padres, más aún, las respuestas que en años anteriores se buscaban en amigos del barrio, hoy pasan a un segundo plano por los amigos virtuales, aquellos que no te conocen, que no te pueden ver el rostro, y con lo cuales el joven puede crear una serie de ilusiones que en la realidad no podría. Esta problemática tiene un riesgo grandísimo, no solo de desinformación, de confusión, sino de situaciones muy delicadas.
En nuestro segundo caso veremos una muestra del peligro que genera la falta de comunicación con el núcleo familiar, sumando el alto grado de confianza que genera en el joven los entornos digitales, una vez ellos entren en inmersión total, sin ningún tipo de educación previamente establecido.
Una joven de 14 años, en el Chat, conoció a otro supuesto joven, que dijo tener 19 años. Después de muchas conversaciones, y de entrar en una perpetua confianza, decidieron conocerse en un bar de
La joven dentro del bar, no encontró al joven de 19 años que esperaba ver, no solo porque el hombre tenía, según ella, mínimo 35 años, y que estaba acompañado de otro hombre de la misma edad. La joven relata, que tuvo que sentarse con ellos en la mesa, por temor, por pena, y porque los jóvenes no saben decir no.
Después de un rato y de soportar insinuaciones sexuales, la joven se levantó con la excusa de ir al baño, allí, desde su celular llamo a un tío. La joven no salió del baño hasta que después de media hora, llegó el tío a recogerla. Por supuesto, los hombres ya no se encontraban en el lugar.
